Salud

Diabetes y tratamiento psicológico: ¿Un pilar necesario?

Escrito por Colaboradores

Por Mirta Jadzinsky
Psicóloga UBA -matrícula 14.101-
Psicoanalista especialista en psicosomática

Recibir un diagnóstico de una enfermedad crónica siempre es un impacto. La primera reacción es estupor y desesperación.

En el caso particular de la diabetes, es una enfermedad que involucra la actividad cotidiana como por ejemplo qué comer y cuándo, la relación de la medicación con la actividad física, etc. El paciente, y muchas veces su familia, siente que su mundo se desmorona: ya no va a poder salir a comer con amigos, se pregunta si pincharse para conocer sus niveles de glucemia y colocarse insulina van a ser un impedimento en su trabajo o si va a poder seguir yendo a la facultad.

Un paciente diabético debe contar en primer lugar con un especialista con quien sentirse cómodo porque es necesario que el médico le de toda la información que él necesita. Cada cuerpo reacciona de diferente manera y en esto “dos mas dos no es cuatro”, por ello él debe poder preguntar hasta sentirse seguro de cómo debe actuar para manejar su tratamiento con libertad, poder contactar a su médico por lo menos hasta encontrar el equilibrio entre medicación, dieta y actividad física, trípode fundamental del tratamiento.

Esto que se dice fácilmente no lo es siempre, muchas veces por la personalidad del paciente lleva mucho tiempo encontrar este equilibrio. Y no quiere decir que la responsabilidad sea del paciente, quiere decir que es necesario que equipo médico y paciente se entiendan y trabajen juntos. Por ejemplo, es frecuente encontrar pacientes que tienen verguenza de “molestar a su médico” o sienten que “lo retan” .

Estas y algunas otras cuestiones nos llevan a la cuarta pata del tratamiento: tratamiento médico, nutricional, actividad física y tratamiento psicológico.

Este último es el que va a ayudar al paciente a entender porqué a veces es tan difícil lograr ese equilibrio y que “dos mas dos no es cuatro” porque cada paciente es una persona diferente que reacciona emocionalmente y esas reacciones modifican los resultados.

Cuando hablamos de niños hay otras cuestiones en juego, en general ellos toman con naturalidad el diagnóstico porque para ellos es sólo eso: un diagnóstico más. No saben qué significa. “¿Esto es más grave que ir al dentista? ¿Es peor que vacunarse o tener varicela?” se preguntan.

La angustia y el dolor lo aportan los padres, y con razón. Por eso lo ideal es que el diagnóstico y las primeras indicaciones las reciban sin la presencia del niño. Eso les va a permitir descargar la angustia y contar con las primeras herramientas para enfrentar la situación.

Luego sí, hacer todas las consultas que sean necesarias juntos para ir estableciendo modificaciones y conductas que se deberán asumir en familia.

Tanto el paciente como el resto de la familia deben saber y estar al tanto de todo lo que el tratamiento requiere. La sorpresa será que el chico diagnosticado entiende y acepta, forma parte de su educación y aprendizaje. Para los padres no es tan fácil, y si les resulta difícil transitar esta situación ellos deberán solicitar ayuda psicológica especializada.

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